EL TEMOR A CALLAR DE LA IGLESIA

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18 de octubre de 2014

Mientras el pasado jueves en la Argentina mirábamos maravillados el despegue del satélite ArSat-1 y en Luján asistíamos a situaciones derivadas de la masiva fuga de presos, en el periódico Vatican Insider  se publicaba la reflexión de un sacerdote argentino sobre el Sínodo que acaba de culminar en la Santa Sede.

En el quizás mas importante medio de prensa y opinión que tiene la Iglesia en el mundo apareció publicado un editorial del Padre Eduardo de Paola, sacerdote de intima relación con nuestra comunidad de Luján.
Sus expresiones sobre la relatio, previas al final del Sínodo de escala mundial sobre la familia propuesto por el Santo Padre Francisco que tiene en vilo a la iglesia son esclarecedoras.
Este medio las transcribe a apenas un par de horas de finalizado el Sínodo de Obispos, en el que Francisco fue aplaudido de pie por todos los participantes durante más de cinco minutos y que concluirá con la Beatificación de SS Pablo VI de quien el padre Eduardo de Paola sugiere redescubrir la Encíclica Ecclesian Suam bajo la renovada luz de Francisco, en una Iglesia que hoy habla.

NOTA DEL PADRE EDUARDO DE PAOLA

Estamos viviendo en la Iglesia, un acontecimiento institucional, el Sínodo Extraordinario para la Familia que es también un acontecimiento pastoral importante, que nos ayuda a mirar la realidad , tal cual es , para después IR hacia esa realidad para evangelizar la “belleza de la familia”. Pero entre las dos cosas hay una que me parece más importante. Una “revolución”  intraeclesial.

La Iglesia ha contenido desde siempre una amplia diversidad de criterios y miradas, sobre la realidad, sobre los aspectos teológicos y pastorales, sobre la moral, sobre la autoridad, etc. Pero esa diversidad era una sorda y silenciosa corriente, que cursaba debajo de la Iglesia y que de vez en cuando, motivada por acontecimientos particulares, salía a la superficie, tímidamente, tratando de no crear conflictos.

La “revolución del Sínodo”, que en realidad es la revolución de Francisco, es que toda esa diversidad, ha tomado la palabra y ha sido dicha, en el seno del aula sinodal y fuera de ella, sin tapujos, sin cuidarse uno del otro (“no tengan miedo de que Müller se les venga encina”); sin miedo a lo que pensará el Papa de mí, si pienso y digo esto. Hemos pasado del miedo a hablar , al temor a callar. 

Hay temor a callar situaciones de pedofilia o que afectan a menores ; temor a callar las visiones de la realidad , porque si no las digo se impone la visión de otros que también piensan distinto de mi sobre la realidad; temor a callar las posturas teológicas y pastorales, porque si no las explicito , son pura reflección interna pero no ayudan a mejorar la fuerza evangelizadora de la Iglesia; temor a mostrar mi ideología, por el riesgo a ser rechazado.

Se destapó la olla. Lo que está saliendo todavía no es, completamente, lo que quieren decir. Tienen que salir primero las tensiones acumuladas, las ideologías reprimidas ;  las broncas personales; el poder que quiere ser retenido. Todo con  el adorno de la familia y la realidad actual.

¿Todo lo que escuchamos es lo que va a fundamentar la reflexión sinodal sobre la familia?. Me parece que no. Una vez que la olla se destapó hay que esperar que el vapor amengüe. Después vendrá la etapa de serenidad evaluativa, que nos conducirá pacíficamente al Sínodo del 2015.

Pero tampoco ese Sínodo Ordinario, pondrá el punto final. Será el ministerio Petrino del Obispo de Roma, el que tendrá que sacar a relucir la hermosísima función de “ceñir la unidad” en  medio de una rica diversidad: Sincera. Abierta. Indisimulada.

Vivimos la revolución del Temor a Callar. Bendito sea Dios. La situación de la familia en la cultura post moderna, ha sido la gran ocasión del Espíritu Santo, para que Francisco nos proponga una nueva forma de vivir en la Iglesia de Jesús. Un Cardenal exabrutiano, ha dicho “el Papa no tiene laringitis ni está mudo, él tiene que hablar”. Espere Señor Cardenal: la Iglesia Sinodal requiere de paciencia, madura en proceso, necesita tiempo, gradualidad, ejercicio de la escucha.

Ahora bien,después de la Exhortación Post Sinodal: todos en la misma barca, sin chistar. Porque ese es el encargo de Jesús a Pedro: lo que ates quedará atado. A pura fe, sin especulaciones doctrinales, ideológicas, teológicas o pastorales. Una diversidad que no converge en la unidad, con renuncias por supuesto!, es puro individualismo egolátrico. ¿Quedarán heridos en el camino?…seguramente. Pero ¿en que cambio profundo no quedan heridos? ¿Y que hacemos con ellos? El infinito remedio de la Misericordia que el Santo Padre ha vuelto a poner delante de nuestras narices para que redescubramos el corazón  del evangelio de Jesús.

¿Qué hizo Francisco durante todo éste tiempo del Sínodo?: lo que todos esperamos de un padre: que escuche con atención, que piense, que rece y que después nos diga hacia dónde tenemos que ir. Pero ha escuchado a todos por igual. Algunos más virulentos e incluso irrespetuosos y otros mas serenos y comprensivos. En el Sínodo y fuera del Sínodo. Oralmente y por escrito. Pero escuchó a todos. Pudo escuchar a todos, porque ahora el miedo, en la Iglesia de Francisco, es miedo a Callar, no  miedo a Hablar.

Hemos comenzado el camino de una Iglesia más Sinodal. Primacialmente Petrina sí, pero Sinodal. Es consolador comenzar éste camino con la bendición del Padre del Sínodo,  de un obrero infatigable y crucificado, incomprendido y alegre , de está Iglesia que quiere escuchar a todos. La Bendición de aquel Papa grande: Paulo VI, que no por casualidad, vivió su Pascua el día de la Transfiguración. En esta hora tan especial, tenemos que volver a leer “Ecclesiam Suam”, desde el corazón de Francisco.

 

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